¿Era todo esto real? ¿Podía ser real?
El universo desde entonces, desnudado entero en un resplandor.
-Tamiki Hara
Cada tantos años se anuncia el estreno de alguna película de Hollywood con una trama similar a esta: dos jóvenes que se conocen desde niños se enamoran y viven un breve y apasionado romance, el cual se ve interrumpido cuando a él lo llaman a la guerra. Tras una triste y dramática despedida, la película intenta retratar, aunque de manera diluida, los horrores del conflicto bélico: el caos, los gritos, la sangre, el humo. Llegado el momento álgido de la batalla más importante que enfrenta el protagonista, todo indica que no podrá regresar con su amada, sin embargo, el mero recuerdo de ella lo envalentona. Dispara a diestra y siniestra a cualquier soldado del ejército enemigo, salta y evita obstáculos, esquiva explosiones y llega justo a tiempo para salvar a algún compañero de una bala perdida. Parece un milagro, pero después de la odisea de varios meses, logra dejar la destrucción y el caos atrás para regresar a casa donde lo esperan con los brazos abiertos.
Las tramas varían un poco pero la fórmula tiende a ser la misma: un protagonista heroico que representa los valores nacionales, largas escenas de enfrentamientos armados, el regreso triunfal y, sobre todo, un tono romántico acompañado de emociones desbordadas que apelan al patriotismo de los espectadores. El tiempo en pantalla que se dedica a los daños colaterales de la guerra, a la reparación de las ciudades en ruinas, el tratamiento de las víctimas de bombardeos, los funerales del sinnúmero de fallecidos y la otra perspectiva, es mínimo.
En Flores de verano de Tamiki Hara, escritor japonés y sobreviviente de la bomba atómica de Hiroshima, se reúnen tres novelas cortas que narran la experiencia de la devastación que siguió al lanzamiento de Little Boy [1] sobre la ciudad. El libro se compone de “Flores de verano”, “Desde las ruinas” y “Preludio a la aniquilación”, los primeros dos textos retratan los días y meses posteriores al bombardeo, y el último narra la cotidianidad y los preparativos que se hicieron durante los meses de guerra antes de la bomba atómica. A diferencia de la gran mayoría de películas bélicas hollywoodenses en las que se hace uso de recursos hiperbólicos para representar el caos y la devastación del conflicto armado, Hara hace uso de un lenguaje sencillo que linda con lo parco, logrando que el lector se sienta igual de asolado que quienes estuvieron allí.
Nicolás Pérez Ferretti, quien tradujo el tríptico junto con Vanessa Ibarra, explica en el prólogo del libro que la edición de Telúrica es la primera en español que respeta el orden original dispuesto por el autor. Esto ya que, tras su muerte, algunas editoriales japonesas decidieron publicarlo en el orden cronológico de los relatos, replicándose así en las ediciones en español. Coincido con Pérez en que se trató de un error garrafal. “Preludio a la aniquilación” relata lo que sucedió en los meses antes de la bomba, “Flores de verano” inicia con la detonación nuclear y “Desde las ruinas” aborda los meses posteriores, tendría sentido entonces que esta fuera la secuencia en que se presentaran los relatos, sin embargo, el orden inverso que eligió originalmente el autor responde a una decisión estética importante.
El hecho de que el libro inicie con una brevísima introducción en la que el narrador lleva flores a la tumba de su esposa y tres días después impacte la bomba atómica en Hiroshima, logra transmitir lo súbito del suceso. No hay aviso previo ni explicaciones, el narrador entra de lleno a relatar cómo lo encontró el impacto en un día cualquiera, la desorientación inmediata y la lenta asimilación del horror ante un mundo que cambió para siempre en un instante:
No sabría decir cuántos segundos después ocurrió, pero, de la nada, recibí un golpe en la cabeza y todo se tornó negro. Grité por instinto y me incorporé con una mano en la cabeza. Las cosas chocaban como si hubiese una tormenta y la oscuridad era absoluta: no sabía que [sic] pasaba […] Sin embargo, una vez que salí al pasillo exterior vi enseguida, materializándose con la luz tenue, el escenario de destrucción; mis sentimientos también cobraron nitidez.
Era algo como salido del sueño más horrendo. (Hara, 2024, pág. 21)
El narrador, que asume la voz de Hara, explica que en las primeras horas tras la caída de la bomba sintió la necesidad de dejar por escrito un testimonio de la destrucción. Una de las técnicas que encontró para lograr describir el exterminio de la bomba atómica fue la sencillez del lenguaje que mencionaba antes. Es tanto el horror de las escenas que se describen, que no hay necesidad de hipérboles para retratarlo. La ausencia de nombres propios de los personajes en los dos primeros relatos, “Flores de verano” y “Desde las ruinas”, es también un recurso significativo, pues la experiencia de Hara pudo haber sido la de cualquier otro sobreviviente; todos vivieron la confusión, la búsqueda desesperada de sus familiares, los gritos, los lamentos, los llantos de los heridos de gravedad y, en ocasiones, el reencuentro fugaz con su seres queridos sólo para ser separados de nuevo por la muerte.
En cambio, en “Preludio a la aniquilación”, el tercer relato que completa el tríptico, los personajes de los familiares del narrador sí tienen nombres propios, de manera que se siente un tono mucho más íntimo. Es cierto que cualquier familia que habitara la ciudad en esos meses pudo haber vivido algo similar: la constante preocupación, el estado de alerta ante bombardeos, los preparativos para proteger los bienes preciados. Sin embargo, Hara narra conversaciones y discusiones con sus hermanos en una especie de repaso íntimo de lo que se hizo o se dijo, lo que se pudo haber hecho o dicho y lo que ya no se pudo hacer ni decir.
Leer Flores de verano a mediados de 2026 me hace pensar en los conflictos armados que se viven en diferentes partes del mundo en este momento, ¿tiene algún sentido toda la destrucción por conflictos entre Estados? ¿en nombre de qué se justifican? ¿se puede justificar alguno siquiera? En los meses siguientes a la bomba, el narrador se pregunta lo siguiente: “¿qué pasaba con las personas que murieron en la desesperación ese día, en el lecho del río cerca de Nigitsu y en el terraplén de la finca Izumi? Yo gozo de esta vista serena, pero ¿qué se hicieron esas ruinas carbonizadas?” (Hara, 2024, pág. 52). Podemos hacernos la misma pregunta respecto a cualquiera de los conflictos actuales.
[1] Nombre que se le dio a la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima.
-Hara, T. (2024). Flores de verano. (N. Pérez & V. Ibarra, Trads.). Concón, Chile: Editorial Telúrica.




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